El boom de la espiritualidad: por qué necesitamos afianzar una mirada crítica y un mapa interior propio


El boom de la espiritualidad: por qué necesitamos afianzar una mirada crítica y un mapa interior propio


Autora: Marga Salinas.
Psicóloga especializada en bienestar emocional femenino.

En los últimos años, la espiritualidad ha vuelto a ocupar un lugar visible en nuestras conversaciones, en los medios, en redes sociales… y también en las consultas de psicología.

No es casual. Cuando la vida se acelera, cuando la incertidumbre se vuelve norma, cuando los duelos o las crisis vitales nos descolocan, lo espiritual regresa como una brújula natural. No estamos ante una moda nueva, sino ante un impulso humano antiguo: el deseo de comprender, de trascender y de encontrar sentido.

La espiritualidad, entendida de forma amplia, diversa y no dogmática, puede ser una de las facetas más nutritivas del ser humano. Puede aportar serenidad, perspectiva, valores y una conexión profunda con lo que de verdad importa.

Sin embargo, hay algo importante que pocas veces nombramos: no siempre hemos contado con un espacio seguro para construir esta faceta de forma sana, madura y alineada con nuestra identidad y valores.

Una dimensión necesaria, pero poco acompañada


En nuestra cultura no hemos crecido con muchos lugares donde reflexionar abiertamente sobre creencias, valores trascendentes o sentido vital. En el ámbito de la psicología tampoco suele promoverse demasiado esta dimensión. Hablamos de emociones, de relaciones, de trabajo, de salud mental… pero la espiritualidad suele transitarse de puntillas y quedar relegada a una tradición silenciosa, a creencias heredadas o, directamente, al vacío.

Hasta que la vida duele.
Hasta que aparecen preguntas para las que no siempre encontramos respuesta:

- ¿qué sentido tiene esto que me pasa?
- ¿qué queda cuando todo se tambalea?
- ¿qué significa confiar?
- ¿cómo puedo sostenerme?

Preguntas humanas, legítimas y profundas… que necesitan tiempo, espacio y pensamiento propio.


Cuando la vulnerabilidad se encuentra con la sobreinformación


Hoy convivimos con un caudal inabarcable de mensajes espirituales: prácticas, técnicas, discursos, afirmaciones, herramientas y promesas que proceden de personas con niveles de formación muy diversos y con una presencia constante en redes sociales.

Por supuesto, hay profesionales respetuosos y honestos que trabajan desde la ética y la calidad humana. Pero también existen propuestas que pueden generar dependencia emocional, culpa, miedo, o la sensación de que alguien externo “sabe más” de nuestra vida que nosotras mismas.

Y somos especialmente vulnerables a esto cuando llegamos a esos mensajes en momentos de fragilidad. No por ingenuidad. No por inmadurez. Sino porque tal vez nunca habíamos revisado y ajustado nuestras propias gafas para mirar esta faceta tan sensible.


La faceta espiritual como pieza de significado y bienestar, no como centro


A veces, en el intento de encontrar respuestas o aliviar el dolor, las personas podemos elegir colocar la espiritualidad en el centro de nuestra vida… y eso también puede ser contraproducente si no revisamos la manera en la que estamos abordando esta faceta, pues podemos perdernos en el proceso.

La espiritualidad puede ser una pieza importante de nuestro bienestar, sí.
Pero necesita convivir (no sustituir) con otras dimensiones esenciales de nuestra salud integral: la escucha emocional, la reflexión y el pensamiento racional, el cuidado del cuerpo, la calidad de nuestros vínculos, la responsabilidad afectiva y la coherencia con nuestros valores. El bienestar real se sostiene cuando todas estas piezas dialogan entre sí y encuentran un equilibrio.

Cuando una sola faceta pasa a tomar el control de nuestra vida (el trabajo, una relación o incluso la propia espiritualidad) perdemos perspectiva y aparece un desequilibrio incompatible con nuestra salud emocional.

La espiritualidad puede acompañar, iluminar y aportar sentido. Pero no debería apagar nuestra voz, ni alejarnos de nosotras mismas, ni ocupar el espacio que pertenece a toda nuestra complejidad.


La importancia de tener un mapa interior


Todas las facetas de nuestra vida necesitan un marco.
Y la espiritualidad no es diferente.

Cuando no hemos elaborado un mapa propio, sucede algo muy humano:
cualquier idea externa puede parecer una verdad absoluta. 

Ese mapa interno no tiene por qué ser fijo ni cerrado.
Lo más sano es que esté vivo y evolucione con nosotras.
Pero sí necesita tres cosas:

- Conciencia: saber qué piezas hemos heredado, cuáles elegimos y cuáles queremos revisar.

- Rigor: contrastar la información, preguntarnos de dónde viene, si está en sintonía con nuestros valores, qué efectos tiene en nuestra vida y qué aporta a nuestro bienestar.

- Respeto por la propia mirada y autonomía: que aquello en lo que creemos nos aporte sentido y nos ayude a crecer, no nos limite; nos dé serenidad, no miedo; nos devuelva impulso, no nos lo quite.


La espiritualidad como camino personal, no como respuesta externa


No se trata de juzgar prácticas ni corrientes. No se trata de decidir si algo es “válido” o “inválido”.
La cuestión es descubrir si es válido para ti.

  • Si te aporta calma.

  • Si te sostiene.

  • Si amplía tu mirada.

  • Si te respeta como persona compleja.

  • Si te devuelve a tu vida con más presencia, no con más ruido.

Para descubrir  eso necesitamos darnos el tiempo y el espacio personal para ello, elegir bien los espacios en los que nos nutrimos y reflexionamos acerca de esta faceta. Sin miedo, sin certezas impuestas, sin juicio, sin dogma.

La espiritualidad, cuando se construye desde fuera hacia dentro, puede confundirnos.
Cuando se construye desde dentro hacia fuera, puede transformarnos.


Una invitación a hacer pausa, mirar hacia dentro y crear tu propio esquema


En conclusión, esta faceta, igual que cualquier otra, merece ser escuchada y atendida con respeto y sensibilidad. 

Puede resultar el espacio ideal para escucharnos. Para preguntarnos qué necesitamos, qué nos sostiene y qué ideas son coherentes con nuestros valores y nuestra identidad. Para permitirnos integrar y desarrollar, poco a poco, aquello que nos aporta serenidad, claridad y sentido.

Porque la espiritualidad, sea cual sea su forma en cada persona, puede convertirse en un refugio íntimo de coherencia interna: un lugar donde identidad, emoción, valores y acción se encuentran.

Y eso solo puede nacer de una mirada personal consciente, libre y humana.

Marga Salinas.
Psicóloga especializada en bienestar emocional femenino.