Metodología

Un enfoque humano, relacional y con sentido

El vínculo terapéutico como base del proceso


Concibo la terapia como un espacio relacional seguro, donde la persona puede pensarse, sentirse y expresarse sin juicio.

La relación terapéutica no es un elemento secundario, sino el eje que sostiene todo el trabajo. Desde una presencia cercana, honesta y sensible, acompaño a cada persona a explorar su mundo interno con mayor comprensión y amabilidad.

Cuando el vínculo es seguro, el cambio es posible, porque permite dejar de defenderse del malestar y empezar a relacionarse con la propia experiencia de una manera diferente.

El trabajo con el apego y las emociones


Muchas de las dificultades emocionales y relacionales tienen que ver con cómo aprendimos a vincularnos y a regular lo que sentimos. Por esta razón, en consulta prestamos especial atención a:

  • los patrones de apego,

  • la forma en que la persona se relaciona consigo misma y con los demás,

  • y el modo en que gestiona emociones difíciles como el miedo, la tristeza, la culpa o la vergüenza.

Pondremos el foco en la emoción, con el objetivo de identificar, comprender y dar espacio a la experiencia emocional, sin buscar controlarla ni suprimirla.

Las emociones, cuando son escuchadas, se convierten en una fuente de información y cambio.

Una dimensión existencial: sentido, valores y coherencia vital


Hay momentos en los que el malestar no tiene que ver únicamente con la ansiedad, el ánimo o los conflictos relacionales, sino con preguntas más profundas:

  • ¿Qué sentido tiene lo que estoy viviendo?

  • ¿Quién soy ahora?

  • ¿Qué necesito dejar atrás?

  • ¿Hacia dónde quiero orientar mi vida?

Desde una mirada existencial, integro en la terapia el trabajo con el sentido, los valores y la responsabilidad personal, respetando siempre las creencias y el marco de cada persona.

No se trata de ofrecer respuestas cerradas, sino de acompañar la búsqueda, ayudando a elegir y comprometerse con una vida más coherente con lo que de verdad importa.

Terapia de Aceptación y compromiso (ACT)


Parte de mi enfoque se apoya en la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), un modelo con sólida base científica que pone el foco en desarrollar mayor flexibilidad psicológica.

Desde ACT trabajamos la relación con los pensamientos, las emociones y el malestar, ayudando a dejar de vivir atrapadas en la lucha constante por controlar lo que se siente y orientando el proceso hacia una vida más coherente con los valores personales.

Trabajo individual, de pareja y grupal: distintas formas de abordar el vínculo


El trabajo terapéutico se articula en torno al vínculo, entendido como la forma en que nos relacionamos con nosotras mismas, con los demás y con el mundo.

Según el encuadre, este trabajo adopta matices distintos.

En la terapia individual, el proceso parte de la relación con una misma: la manera de escucharse, cuidarse, exigirse o tratarse. Desde ahí se revisan también los vínculos con los demás y con el entorno, entendiendo que la relación que establecemos fuera suele estar profundamente conectada con la relación que mantenemos con nosotras mismas, especialmente cuando esta está marcada por la autoexigencia, el miedo o la evitación del malestar.

En la terapia de pareja, el foco se sitúa en el vínculo afectivo de la relación. Se exploran las dinámicas que se repiten, la comunicación, las necesidades emocionales y la forma en que cada miembro de la pareja se posiciona dentro del vínculo, con el objetivo de comprender qué está ocurriendo y abrir nuevas posibilidades de encuentro.

En los espacios grupales, el grupo se convierte en un puente entre el trabajo personal y la forma de relacionarse con los demás. A través del vínculo con el grupo y del contraste con otras historias, se favorece el autoconocimiento, la revisión de los propios patrones relacionales y una mirada más amplia y compasiva hacia la experiencia propia y ajena.