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Somos mucho más que aquello que nos ocurre.
Me interesa comprender a cada persona más allá del problema o la dificultad que pueda estar atravesando: su experiencia, sus necesidades, sus recursos y la manera particular en que está tratando de encontrar su lugar en el momento que vive.
No siempre hay algo que solucionar. A veces necesitamos un espacio para escucharnos, comprender qué nos está ocurriendo y reconocer qué necesitamos ahora.
Nos construimos en relación.
Los vínculos que hemos vivido influyen en la manera en que aprendemos a mirarnos, protegernos, confiar, acercarnos a los demás, pedir, cuidar o poner límites.
Comprender esos patrones nos permite reconocer de dónde vienen algunas de nuestras formas de relacionarnos y preguntarnos cuáles siguen teniendo sentido y cuáles necesitamos revisar.
El propio vínculo terapéutico y, en los procesos grupales, el encuentro con otras personas forman también parte de ese proceso.
Hay momentos en los que la pregunta no es únicamente «¿cómo puedo sentirme mejor?», sino también «¿qué sentido tiene esto para mí?», «¿quién estoy siendo?» o «¿cómo quiero vivir a partir de ahora?».
El sentido, los valores, la libertad, la incertidumbre, la pérdida, la finitud y la responsabilidad de elegir forman también parte de nuestra experiencia.
Son preguntas que han acompañado al ser humano a lo largo de la historia y que podemos permitirnos explorar sin necesidad de encontrar respuestas universales ni adoptar una determinada manera de entender la vida.
A lo largo de nuestra historia vamos construyendo un mapa desde el que interpretamos quiénes somos, qué podemos esperar de los demás y cómo entendemos el mundo.
Ese mapa nos ayuda a orientarnos, pero no tiene por qué permanecer intacto. Parte del proceso consiste en hacerlo visible, comprender cómo se ha construido y revisar qué sigue teniendo sentido y qué necesitamos flexibilizar, actualizar o dejar atrás.
Mi punto de partida es la psicología. Desde ahí, me interesa abrir la conversación a otros lugares desde los que el ser humano lleva siglos tratando de comprenderse: la literatura, la filosofía y distintas tradiciones de pensamiento, junto con la reflexión y la conversación compartida.
No para buscar fuera respuestas que debamos adoptar, sino para conocer otras perspectivas, contrastarlas, cuestionarlas y observar qué despiertan en nosotras.
Porque ampliar el mapa no consiste en sustituir unas certezas por otras, sino en disponer de más lugares desde los que mirar para poder construir nuestras propias respuestas.
Comprender es importante, pero no siempre es suficiente.
Necesitamos tiempo para observar cómo aquello que vamos descubriendo aparece en nuestra vida, experimentar otras maneras de relacionarnos con ello y permitir que lo comprendido vaya encontrando un lugar en nuestra forma de vivir.
Mi trabajo no busca ofrecer respuestas cerradas ni señalar una única dirección, sino crear espacios desde los que podamos comprendernos con mayor profundidad y recuperar capacidad de elección sobre cómo queremos relacionarnos con nosotras mismas, con los demás y con aquello que la vida nos va trayendo.